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Escritores del Cielo en Hades (3/10: El Espejo Mágico y la Escritura Telepática)

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Adelante Escritores del Cielo en Hades (3/10: El Espejo Mágico y la Escritura Telepática)

Mensaje por 011235 el Dom Mar 11, 2012 6:14 pm

Escritores del Cielo en Hades (3/10: El Espejo Mágico y la Escritura Telepática)

En la tercera entrega de esta travesía de literatura psicoalquímica, cruzamos el espejo mágico de la alteridad de la mano de Aeolus Kephas y descubrimos que entre más somos nosotros mismos más nos convertimos en todo el universo. Comprobamos, también, a través de un ejercicio de visualización, que la literatura constantemente induce estados de trance y que leer y escribir son una forma de telepatía que rara vez hacemos consciente



“Autores, la escena acaba
con un dogma de teatro.
En el principio era la máscara.”
—Antonio Machado.

“Escribir, pienso, no es diferente de vivir. Escribir es una especie de doble vida. El escritor experimenta todo dos veces. Una vez en la realidad y otra vez en el espejo que aguarda siempre adelante o atrás”.

—Catherine Drinker Bowen

Tercera parte: El Espejo Mágico

Llevar un diario y realizar un ritual mágico podrían parecer mundos aparte, pero existe un intento común a estas dos actividades. De la misma forma que podemos hacer conscientes aspectos de nuestra psique a través de la escritura, un mago ritual asume ciertos roles deseando un resultado, personificando al dios Marte en preparación para un conflicto o a la diosa Venus en anticipación del amor. A través de estas prácticas ancestrales, el mago ceremonial despierta partes de su psique que quiere encarnar e integrar a su persona. De forma similar un chamán viste pieles de animales como una forma de llamar “espíritus” que “merodean” en su psique y en la de su audiencia (o cliente): él o ella invoca (y evoca) las fuerzas primordiales al actuar un papel específico dentro de la psique grupal, como medio para integrarlo. Esto es análogo a la terapia grupal, donde todos convienen en que dentro del espacio ritual creado las reglas sociales normales son suspendidas. Este espacio ritual —se le llame diario, consultorio de terapia, choza del chamán o el círculo del mago— permite “la expresión de lo inexpresable”. Como ya ha sido descrito, comunicarse con nosotros mismos de esta forma desarrolla nuestra habilidad para comunicarnos con el mundo. Entonces, mientras empezamos a llevar este nuevo estado de conciencia y de madurez a nuestra interacción con los demás, esta forma de comunicarnos con el mundo hace más profunda nuestra relación con nosotros mismos.

Existe un juramento mágico muy conocido que dice “Prometo lidiar con todo fenómeno como si fuera un trato particular entre Dios y mi alma”. Basado en la creencia metafísica de que el Universo es “un espejo mágico” que constantemente refleja las condiciones internas de nuestras almas, este juramento también resume los postulados de la psicología existencial, como fueron encapsulados en la frase de Carl Jung: “Cuando un proceso interno no puede ser integrado, usualmente se proyecta hacia el exterior”. En el camino de la individuación al autoconocimiento, inevitablemente hay aspectos de nuestra conciencia que no podemos ver o que no estamos dispuesto a ver de manera aislada. De la misma forma que hay dioses que el mago tiene cuidado de no invocar hasta estar listo, estos son temas de los cuales preferimos no escribir en nuestro diario, muchas veces porque aún no sabemos qué pensar de ellos. Una vez que empezamos a interactuar con otras personas, sin embargo, estos son los aspectos que son sacudidos. Son los puntos en bruto (y ciegos) que tarde o temprano nos harán tropezar cuando empecemos a involucrarnos con nuestro alrededor en nuevas formas. La presión de interactuar con otras personas es lo que nos hace familiarizarnos con la discordia en nuestras psiques y nos permite trabajarla. Esta tensión provista por “el otro” es esencial a la individuación y es también el motivo por el que “después de cierto punto, el universo entero se vuelve un continuo proceso de iniciación”.

Entrelíneas: Estados de Trance Inducidos vía Leer y Escribir

«La telepatía, por supuesto. Es divertido cuando te detienes a pensar en ella. Por años las personas han discutido sobre si tal cosa existe o no, tipos como J.B. Rhine se han exprimido el cerebro tratando de crear un proceso válido para aislarla y todo el tiempo ha estado ahí, al descubierto como ‘La Carta Robada? de Edgar Allan Poe. Todas las artes dependen de la telepatía hasta cierto punto, pero creo que la escritura ofrece la destilación más pura».

—Stephen King, “What Writing Is.”

El incremento de la conciencia de nosotros mismos es equivalente a la madurez, haciendo de la individuación una curva de crecimiento exponencial. La madurez y la conciencia de nosotros mismos incrementan nuestra capacidad de autobservarnos, no solo en los demás sino también en aislamiento, y esta capacidad de autobservación aumenta todavía más la conciencia de nosotros mismos. La tensión creada dentro de nosotros por la presencia del otro permite luego una nueva mirada dentro de nosotros, porque el otro siempre está reflejando algo que no podemos ver o no veríamos de nosotros mismos. Esa revelación recién ganada es lo que llevamos a nuestra siguiente relación, y así sucesivamente. La paradoja de la individuación es que, al profundizar la conciencia de nosotros mismos, es como si estuviéramos puliendo el espejo universal en cuyo interior estamos mirando, así que la vida nos refleja de regreso cada vez con mayor definición nuestra condición interna. El resultado es aparentemente contraintuitivo: entre más maduramos no nos volvemos menos sino más y más sensibles y vulnerables a los detonadores internos y externos, porque al continuar integrando los contenidos de nuestro inconsciente, empieza a parecer como si el mundo entero estuviera sucediendo dentro de nosotros. Al mismo tiempo se vuelve más difícil distanciarnos de los demás, porque estamos asumiendo responsabilidad no sólo de nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones, sino de los de todos los demás también—aunque solo en relación a nosotros mismos— y entonces todo lo que sucede aterriza en nuestra puerta. El paralelo más cercano a este continuo proceso de iniciación sería el de un estado de sueño lúcido, ya que dentro de los sueños el aislamiento y la interrelación coexisten: estamos tanto solos en el “espacio de nuestra cabeza” e interactuando (telepática o astralmente, o por otro medio aún no entendido) con el mundo fuera de nosotros. De ahí que sea posible desanudar ataduras psíquicas mientras soñamos, lo que provee un paralelo directo con escribir y leer, ya que ambas actividades (cuando son inmersivas) recrean un estado de sueño despierto.



Lo siguiente es de On Writing, de Stephen King:

«Mi nombre es Stephen King. Estoy escribiendo el primer borrador de este capítulo en mi escritorio (el que está bajo el cobertizo) en una mañana nevada de diciembre de 1997. Hay algunas cosas en mi mente (ojeras, las compras navideñas aún no iniciadas, mi esposa enferma con un virus), algunas son buenas (nuestro hijo menor hizo una visita sorpresa a casa desde la universidad, pude tocar ‘Brand New Cadillac’ de Vince Taylor con The Wallflowers en un conicerto), pero ahora todo esto está por encima. Yo estoy en otro lugar, un sótano donde yacen muchas luces brillantes e imágenes cristalinas. Este es un lugar que he construido para mí mismo por varios años. Es un lugar de visión remota… tú estas en algún lugar río abajo en la línea de tiempo lejos de mí… pero probablemente estés en tu propio lugar de visión remota, al que vas para recibir mensajes telepáticos … Y aquí vamos —verdadera telepatía en acción. Te darás cuenta que no tengo nada bajo las mangas y que mis labios nuca se mueven. Tampoco, es probable, los tuyos. Mira—aquí está una mesa cubierta por una tela roja. Sobre de ella está una jaula del tamaño de un pequeño acuario de peces. En la jaula está un conejo blanco con una nariz rosa y ojos con bordes rosas. Enfrente de él está una zanahoria la cual mastica con satisfacción. En su espalda tiene, claramente marcado con tinta azul, el número 8. ¿Vemos lo mismo? Tendríamos que juntarnos y comparar notas para estar absolutamente seguros, pero yo creo que sí lo hacemos.

»Esto es lo que estamos viendo, y todos lo vemos. Yo no te dije. Tu no me preguntaste. Yo nunca abrí mi boca y tú nunca abriste la tuya. Ni siquiera estamos en el mismo año, mucho menos la misma habitación… excepto que estamos juntos. Estamos cerca. Estamos teniendo una reunión de mentes».

Stephen King no menciona a las neuronas espejo; en 1997 nadie sabía de esto. Y sin embargo, básicamente está describiendo el mismo fenómeno: transferencia de pensamiento a través de la escritura. Es interesante que Stephen King se toma su tiempo para describir su estado mental, su ánimo, aunque no tiene, aparentemente, ninguna relación con la escena que nos va a transmitir (el conejo en la jaula), telepáticamente, para ilustrar al pie de la letra su argumento. La razón por lo que es interesante es que la ciencia de las neuronas espejo sostiene que es justamente ese tipo de información “entrelíneas” la que se transmite a través del lenguaje —el estado de ánimo del escritor y sus circunstancia— aunque no estén en ninguna medida inferidas por el material escrito o hablado en sí mismo.

Lo que King describe aquí es más que una simple visualización compartida, porque el acto de visualizar —siendo que está obviamente ligado al soñar— es tal que conlleva al menos un estado menor de trance. Todos sabemos lo que es ser succionados por un buen libro. Nos perdemos en los sentimientos y en los pensamientos del escritor o de los personajes, inmersos en otro mundo que está siendo creado por una combinación de palabras en la página y nuestra habilidad de tejer una realidad onírica substituta dentro de nuestros cráneos (o cuerpos, si quieres ser holístico al respecto). Una cosa es cierta: cuando somos arrastrados por un buen libro, ficción o no-ficción, solo estamos secundariamente conscientes de leer palabras en una página; nuestra conciencia primaria se va a donde las mismas palabras nos llevan. Y a donde nos llevan, como King señala, no es solo dentro de nuestras propias mentes, sino dentro de la mente del autor. Es una correspondencia de estados mentales, un trance compartido. Y si bien esto es más difícil de comprobar, apostaría a que entre más cerca a un estado onírico profundo estaba el autor mientras escribió el libro, más nos podemos acercar a ese estado nosotros mismos mientras lo leemos. Eso es lo que distingue a la gran literatura de la no tan buena: el grado de inmersión que induce en nosotros está determinado, al menos en parte, por el grado de inmersión que el escritor había logrado al escribirlo. Esto es lo que se comunica “entrelíneas”.

Leer a James Joyce es una experiencia diferente a leer a Elmore Leonard y Jean Baudrillard requiere un tipo de atención distinta de la que requiere Stephen King. Hay prosa que es más difícil de “penetrar” y mientras que esto puede tener que ver con algunos factores obvios como un vocabulario denso o frases laberínticas, también puede tener que ver con qué tan ajeno o extraño nos es el estado mental del autor. Las personas que trabajan duro para empatar el estado mental de Joyce “entienden” lo que está haciendo y lo consideran un genio. Para el resto de nosotros, es incomprensible y sobreestimado —lo mismo con Baudrillard. Algo similar sucede con nuestro sueños: los que se asemejan más a nuestro estado mental despierto son más fáciles de recordar, entender y describir. Otros están tan “fuera de sí” que solo pensar en ellos nos causa una forma ligera de aflicción debido a la disonancia cognitiva. (A los surrealistas les encantaba crear disonancias cognitivas y su meta era empatar los estados oníricos con su propio uso de imagen y palabra).

Si lees el siguiente enunciado, dando cabida a que la ciencia forense tiene una pertenencia relativa del tipo de waffles de queso que tu mamá cocinaba, para fines de análisis literario tendrás que tomar el siguiente autobús número 5 y acabar buscando los signos de puntuación faltantes. Por otra parte, si digo simplemente que este tipo de escritura lúdica tiene un efecto placenteramente desorientador en la mente, entonces estarás aliviado de encontrarte de nuevo en tierra firme, y que el estado mental del autor no conlleva desapegarse demasiado de nuestra forma familiar de ver el mundo. La coherencia es algo que dejamos ir solamente con una lucha. El punto es: mientras estás leyendo esto, estás yéndote con mis propios pensamientos y mientras éstos parezcan seguir una secuencia lineal común a la lógica del mundo despierto, y constreñirse a ideas razonablemente familiares para ti, entonces puedes mantener el paso y no tienes que hacer un gran esfuerzo. En el momento en el que traigo a la escena a un homúnculo leproso salivante y sugiero que las pantaletas de tu madre son la clave de tu vida sexual arruinada, te reirás o te enardecerás o intentarás descubrir dónde exactamente perdiste el hilo de mi argumento.

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